A mis sacerdotes
Confidencias de Jesús a la Ven. Conchita Cabrera de Armida
Este libro recoge los mensajes que Jesús dictó a Conchita para los sacerdotes.  Es un tesoro de sabiduría.

Algunas citas:

“El Sacerdote, a pesar de traer el sello para el cielo, está en la tierra, y como hombre, sujeto a las miserias del hombre; pero la vocación divina lo defiende, lo inclina a lo puro y a lo santo y si llega a descarriarse y a pisar su santa vocación, es por su culpa, por su grave culpa: pues un Sacerdote tiene más medios, más gracia, doble poder para vencer las tentaciones de los enemigos del alma. Nació para el Santuario, y el Santuario tiene poderosos medios para liberarlo. La Trinidad tiene con las almas del Sacerdote filiaciones íntimas y divinas, repito; y si el Sacerdote no las ve, no las conoce, no las siente, es porque cierra los ojos y el entendimiento y el corazón para no sentirlas; pero existen, muy hondas y profundas; que si es alma de oración, alma interior, pura y crucificada, sin duda ninguna que sus irradiaciones lo bañarán.”

La debilidad del Corazón de carne de un Dios Salvador, de Jesús Redentor, es el amor que me vence, que me hace abajarme y olvidar, y borrar y perdonar y besar, y estrechar a las almas que me han ofendido y olvidado y ¡hasta odiado! 

¿Para qué me dejaste hacerme hombre?, le digo a mi Padre amado, ¿Para qué me diste este Corazón de carne con latidos de un Dios todo bondad infinita? ¿Para qué, Padre mío, regalaste a tu Hijo divino a la humanidad?, ¿Para qué me hiciste Jesús Salvador, y de la misma carne de ellos?

Y si esto le digo a mi Padre, temblando mi Corazón de amor por los pecadores todos, ¿qué le diré en favor de mis sacerdotes extraviados, de mis sacerdotes caídos o tibios, o indiferentes, o tentados, o cansados, o en peligros mediatos o inmediatos de perderse? Entonces redoblo mis caricias de Hijo; alego mi santa misión de eterno Sacerdote y pongo a su vista la unión Conmigo que existe de la vocación santa de mis sacerdotes en el mismo seno de María. Y le repito emocionado, entusiasmado: ¿No ves, Padre mío, que ellos son Yo? ¿No los escuchas casi a cada instante en la tierra que dicen: “Este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre”, siendo entonces Yo?

 “Sacerdotes de Cristo” pags. 302-304

Los sacerdotes son para María otros Jesús.

María desde la Encarnación, repetía al Eterno Padre, en un acto continuado de amor, y refiriéndose a Mí en Ella, «Éste es mi Cuerpo, ésta es mi Sangre», clamando por la salvación del mundo.

C.C. Tomo 41,355.  8 de Julio de 1917

 María es feliz cuando comunica a su Verbo hecho carne, y si conjuntamente concibió en su casto seno, al concebir a Jesús en él, el germen sacerdotal, los sacerdotes son para Ella otros Jesús, y más que nadie quiere transformarlos en Jesús, místicamente en sus almas.   “Sacerdotes de Cristo” pag. 164

 




Regreso a la página principal
www.catolico.org