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Meditación de Cauresma, P Jordi
La pasión de Cristo no es solo para salvarme de ser ladrón, adúltero o asesino. Es también para salvarme de quedar satisfecho con cumplir la ley y creerme justo. La verdad es que estoy roto, atado en mi miseria y no puedo sin EL salvarme. El murió crucificado para hacerme capaz de participar en SU amor divino, para que yo pueda amar como EL ama, en otras palabras, para que sea UNO con EL. Ya no somos dos sino uno en su sacrificio de amor… Como Cristo ama y obedece al Padre, así he de amar y obedecer yo. Como EL se da por quienes los crucifican, así debo darme yo… Por eso mi respuesta debe alcanzar hasta lo más profundo de mi ser. Podría sentir afecto por Jesús y continuar sin cambios profundos. Por eso necesito el Camino, acompañamiento y la decisión de examinar los movimientos de mi corazón -especialmente en situaciones y con personas que me molestan- y permitir al Señor crucificar las tendencias de mi carne mientras me someto a EL para que me lleve a donde no quiero ir. Pido al Señor que esta Semana Santa comprendamos esto y demos pasos de fe.
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